El alba se alzó tenue con el viento soplando con fuerza. Abrí los ojos y miré hacia la ventana notando el cielo nublado a las seis de la mañana.
Una mañana más que despierto a tu lado, sonrío feliz... y con nostalgia.
Te observo dormir abrazando la almohada, respirando pausadamente y profundo. Suspiro mientras pienso en lo feliz que me hace despertar cada mañana junto a ti.
Me levanto, preparo un poco de café, tomo una cucharita y lo muevo mientras camino hacia la puerta corrediza que da hacia la playa.
Salgo sintiendo el aire frío en este supuesto paraíso al que huimos. Dejo el café en el barandal y me acomodo la bata de dormir mientras el fuerte viento mueve mi cabello.
El cielo nublado me trae recuerdos, el amanecer sin sol hace remontarme a los días en los que ambos vivíamos en Asgard.
Tú me odiabas y yo pretendía no saber de ti.
Mas las circunstancias nos unieron y descubrimos que no era sólo la hermandad que nos unía. Fue atracción, deseo, amor... debíamos estar juntos.
A nadie le hizo gracia enterarse de nuestro idilio, menos a Siegfried que amenazó con matarte porque haberme alejado de su lado.
Por eso huimos al mediterráneo y nos asentamos aquí, nuestro rincón solitario, dónde nadie vendría a señalarnos y decirnos que estaba mal lo que hacíamos.
Tu y yo solos, bajo el sol candente de una playa, lejos de cualquier civilización y sobreviviendo por nuestros propios medios.
Nos llamaron traidores por amarnos y abandonar el país. Nos exiliamos sin importarnos nada más que nosotros mismos, preocupándonos sólo el uno por el otro.
Las palabras de Siegfried aún resuenan en mi cabeza y aún me cuesta trabajo olvidar mis noches junto a él. Pero no lo extraño, no lo necesito.
Volteo y miro hacia la cama donde todavía estas acostado. A ti si te necesito. No por nada nacimos el mismo día. No por nada tenemos la misma sangre corriendo por nuestras venas. Y nuestras almas viven enlazadas dependiendo de la luz y de la sombra, compartiendo, equilibrando, complementándonos.
Volteo hacia el mar nuevamente y el sonido de las aguas también me trae recuerdos de los barcos en los muelles. Cuando zarpamos huyendo de la patria por salvar nuestro amor.
Si tan sólo no fuéramos iguales... más, sin embargo pienso, si no lo fuéramos, no nos habríamos enamorado así.
Tomo mi café lentamente viendo como las nubes no se despejan. Mantienen el mismo color gris y las aguas oscurecidas bajo el cielo triste que se levantó esta mañana.
Otoño... antes del invierno.
Oigo las sábanas moverse y tu cuerpo deslizarse entre ellas. Camino hacia ti dejando la taza en la mesa de la lámpara junto a la cama. Me inclino pasando mis brazos a cada lado de tu cuerpo y te saludo dándote los buenos días con un beso.
Me contestas suspirando y mordiendo levemente mi labio. Me jalas de ambos brazos y me dejas boca arriba para ponerte encima.
Cada mañana tienes una manera diferente de amarme. Esta vez la sorpresa y el juego que terminó destruyendo mi bata, pero a quién le importaría una prenda cuando el amor salvaje llega de golpe a saciar y a despejar pensamientos que no valen la pena.
Me traes frescura, cordura, eres el sostén de mi integridad.
Toda la casa se llena de sonidos desesperados, pidiendo amor, alejando el frío del viento que entraba por la puerta corrediza. Cambiando por unos momentos el Otoño por el Verano.
- Bud... – Menciono tu nombre rompiendo con el compás marcado por los sonidos de la cama y la tela de las sábanas que envolvían nuestros cuerpos.
Y de nuevo recuerdo la primera vez que ambos nos encontramos así. Cansados de pelear, de llamar la atención del otro, en medio de una ardua discusión... aún recuerdo cómo te enojaste y me golpeaste para callarme. Me jalaste del pelo y me besaste a la fuerza. ¿Cómo olvidarlo? Cosas así no se dejan atrás, ni se olvidan enterrándolo en el pasado.
Fue la primera de tantas noches de desenfreno, cuando descubrimos que no nos éramos indiferentes. Que más que repelernos, nos complementábamos... nos hacíamos felices.
Siegfried descubrió esto y trató de separarnos.
- ¡No entiendes! Y no espero que los hagas... -
- ¿Están locos? ¿Sabes lo que significa todo esto? Van a condenarlos, van a morir por aventurarse a... ¡esta atrocidad!
- No te metas, Dubhe... no es tu asunto. –
- ¿Cómo me llamaste? Tú nunca me llamas por mi apellido, Syd... ¡Y si me meto es porque te amo! Y no voy a dejar que un campesino que caza ciervos te aparte de mi lado. ¡Primero lo mato antes de que termine de enfermarte! –
Esa noche te advertí de él y quisiste matarlo igual, pero él es invencible. Ninguno de los dos iba a poder vencerlo a menos que lo hubiéramos atacado entre los dos. Pero yo no quise... así que huimos lejos de Asgard y aquí nos establecimos. Ocultándonos bajo el cielo nublado de esta playa solitaria. Nos amamos sin inhibiciones, sin reproches, sin que nada ni nadie nos diga que ser, o hacer.
Por eso, nunca olvido nada, porque vale la pena recordar todo lo que pasamos para vernos ahora sentirnos felices de estar juntos y sólo necesitando una cosa: A tí, mi hermano, mi amante, mi todo.
- Te amo, Bud... -